Si bien los efectos del COVID-19 parecen, por fin, quedar atrás, sus repercusiones siguen presentes en los desafíos de la ingeniería, según señala Pat McLarin, director de segmento, Ingeniería Civil de Seequent.
A medida que entramos en la segunda mitad de una década en la que aún resuena el impacto de la pandemia de COVID-19, hay indicios de que parte de la imprevisibilidad de los cambios en la ingeniería civil se está gestionando mejor a medida que las organizaciones desarrollan su resiliencia.
Todavía hay muchas incertidumbres en el horizonte, provocadas por las tensiones geopolíticas y los conflictos abiertos, el cambio climático y las preocupaciones por la seguridad del agua, los problemas comerciales y la escasez de mano de obra, y la creciente demanda de energía a medida que el mundo busca la transición hacia fuentes de energía más renovables. La forma en que aprovechemos la IA será, sin duda, determinante.
Como señaló Mark Coates, Vice-President, Infrastructure Policy Advancement de Bentley Systems, el COVID-19 y la geopolítica han demostrado que no es posible eliminar los riesgos de un proyecto de forma aislada. El informe Enfoque sistémico para la ejecución de infraestructura (1) (SAID, por sus siglas en inglés), de la Institution of Civil Engineers, es un recordatorio de que siempre trabajamos dentro de sistemas más amplios y, según una encuesta (2) reciente realizada por Bentley, el estudio jurídico Pinsent Masons y las consultoras de ingeniería Mott MacDonald y Turner & Townsend, esto mismo se confirma en el ámbito digital.
«Si incorporamos IA a sistemas frágiles sin cambiar la forma en que gestionamos los proyectos, los contratos y los datos, no eliminamos el riesgo; simplemente lo desplazamos con mayor rapidez», afirmó Mark.
Sin embargo, lo que cada vez está más claro es el optimismo cauteloso sobre la mejora en la ejecución de megaproyectos en todo el mundo, aunque con un talón de Aquiles y, quizás, una mejor comprensión de cómo la IA puede ayudar a los ingenieros civiles a impulsar este tipo de iniciativas.
El uso de la IA en el sector de la infraestructura civil está bien establecido; sin embargo, la supervisión humana es esencial para garantizar su precisión.
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Estos son tres temas a los que conviene prestar especial atención durante 2026:
1. El impacto de la incertidumbre
Hoy en día, seguir con la actividad habitual, o lo más parecido posible a ella, es una quimera. Son muchos los factores que influyen en un proyecto de infraestructura, tanto procedentes de fuentes externas, como desde el propio ámbito del proyecto.
Resulta un lugar común seguir recurriendo a la idea de que «lo único seguro es la incertidumbre», pero existen señales claras, si se sabe dónde mirar, de cómo está cambiando la industria y de qué podemos hacer para prepararnos.
De la niebla que ha generado la reciente serie de acontecimientos mundiales a gran escala están surgiendo algunos patrones. Uno de ellos es el aumento del gasto en defensa en todo el mundo y el impulso que esto supone para las cadenas de suministro locales y nacionales. Otro es la carrera por construir centros de datos que respalden la inteligencia artificial y la necesidad de garantizar suficiente energía para alimentar estas instalaciones de alto consumo eléctrico, así como de asegurar el agua necesaria para su refrigeración.
Esta creciente demanda de fuentes de energía seguras y estables representa un desafío de gran magnitud, que se suma a la constatación de que la comunidad internacional no está avanzando según lo previsto para limitar el calentamiento global conforme al Acuerdo de París, lo que implica que será necesario intensificar las medidas de adaptación y mitigación frente al aumento de las temperaturas. A esto se añade un conjunto más amplio de desafíos ambientales, orientados a la protección de la calidad del agua y la biodiversidad, que también suma incertidumbre al panorama para el próximo año y los años venideros.
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El entorno geopolítico también aporta imprevisibilidad a la finalización de los proyectos de infraestructura, debido a su efecto significativo en las cadenas de suministro y en su fiabilidad. Las escaladas arancelarias recíprocas observadas en 2025 añadieron una considerable dosis de incertidumbre, y sería prudente prever que en 2026 se producirán algunas perturbaciones políticas de magnitud similar, si bien la elevada demanda y la oferta restringida de componentes, materiales o servicios clave pueden resultar tan determinantes para el sector de la construcción como la propia geopolítica.
Si bien las repercusiones del COVID-19 están desapareciendo poco a poco, siguen recordándonos cuán interconectado está el mundo, tanto por su impacto en la economía como en la escasez de mano de obra y de competencias, así como en los precios y las cadenas de suministro.
Sin embargo, el último informe
Aun así, las condiciones imprevistas del sitio siguen figurando entre las diez principales causas de reclamos, aunque la mayoría de los factores ha reducido su frecuencia, con algunas variaciones regionales. Un contexto económico más complejo también ha hecho que los problemas de flujo de caja y de pagos ocupen posiciones más altas en el informe.
Pat McLarin, Segment Director, Civil, en Seequent, comparte sus reflexiones sobre lo que podría deparar el 2026 para la infraestructura civil.
Fuente: Seequent
2. Adopción de IA y resiliencia digital
El auge de la IA de los últimos años ha sido asombroso. Hoy en día, muy pocas personas del sector de la ingeniería no utilizan la IA de alguna forma para ayudarles en sus proyectos, ya sea para diseño o investigación, en la gestión de datos o en la elaboración de informes.
Las plataformas de IA aún requieren una estrecha supervisión humana y verificaciones constantes de precisión. Siguen estando lejos de ser infalibles. En la actualidad no hay suficientes ingenieros para satisfacer la demanda de nuevos proyectos en todo el mundo. La IA puede ayudar a llenar este vacío realizando ciertas tareas, pero no debe considerarse un sustituto de los ingenieros.
Los datos que alimentan nuestro trabajo cotidiano son la clave. Las plataformas abiertas se destacan especialmente por su capacidad para conectar a las personas con los datos, y al tiempo ofrecen la posibilidad de controlar y gestionar la calidad y la gobernanza de los datos. Por ejemplo, para adaptarse a los desafíos que plantea la ejecución acelerada de los proyectos, una plataforma de datos puede ayudar a realizar tareas repetitivas de captura y análisis de datos, así como a agilizar las investigaciones de campo. Gracias al rápido intercambio de datos con clientes y compañeros de trabajo a través de la nube, un proyecto puede ser ágil y desarrollarse en tiempo real para orientarse en la dirección más útil.
Nicholas Cumins, Chief Executive de Bentley Systems, se refirió a este tema en su ponencia magistral durante la conferencia
La importancia de los datos y de su gobernanza en cualquier proyecto no puede subestimarse. En lo que respecta al uso que hace la IA de los datos, no solo es necesario garantizar su integridad, su precisión y su gestión adecuada, sino también que sean seguros y que el propietario conserve el control y la titularidad sobre ellos.
Mark Coates señaló lo siguiente:
«El informe SAID se refiere a los datos como el aceite del motor del proyecto, y nuestra encuesta sobre IA muestra que muchas organizaciones están funcionando con la luz del aceite ya encendida. Quieren incorporar IA en más proyectos, pero siguen discutiendo sobre quién es el propietario de los datos, cómo se pueden compartir de forma segura entre empresas conjuntas y qué nivel de registro de auditoría es aceptable cuando la IA influye en las decisiones de diseño».
3. Presión para construir infraestructura, y rápido
La última estimación de población indica que actualmente viven 8230 millones de personas en el planeta. Son dos mil millones más que a principios de siglo y el doble que hace 50 años. Para 2060, las Naciones Unidas estiman que la población total alcanzará los 10 000 millones de personas. India y China concentran hoy, entre ambos países, 2900 millones de habitantes, lo que representa aproximadamente el 35 % de la población mundial.
A medida que la población de los países en desarrollo continúa creciendo, la demanda de infraestructura se vuelve cada vez más apremiante. Existe una presión política cada vez mayor para acelerar la ejecución de proyectos que, en algunos casos, son de enorme magnitud —desde centros de datos y nuevos sistemas energéticos hasta ferrocarriles de alta velocidad—, a un ritmo cada vez más rápido.
Uno de los principales desafíos que enfrentamos hoy es garantizar que estos megaproyectos sean sólidos y prioricen la seguridad. La disponibilidad de mano de obra barata y abundante en algunos países puede facilitar construcciones rápidas, pero no necesariamente de calidad.
Resulta esencial adoptar un enfoque más prudente, que asegure que todo aquello que debe tenerse en cuenta efectivamente se considere. Nos recuerda al derrumbe parcial del recién inaugurado puente Hongqi, en la provincia de Sichuan, en el oeste de China, tras un deslizamiento de tierra en noviembre.
El informe SAID y los resultados de la encuesta apuntan a la misma conclusión: si se va a utilizar IA para comprimir programas es necesario reforzar los controles de los proyectos, aclarar el lenguaje contractual relativo al uso de la IA y acordar resultados claros desde el inicio. De lo contrario, no es la ejecución lo que se acelera, sino los reclamos y la frustración.
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La prisa excesiva, por supuesto, no es una preocupación que se limite a la etapa de construcción. La presión para acelerar las fases de exploración y diseño de un proyecto importante también puede dar lugar a un elefante blanco peligroso y costoso. Acelerar los plazos sin investigaciones sólidas ni cronogramas realistas abre la puerta a consecuencias potencialmente catastróficas a futuro.
En todo el mundo hay numerosos proyectos notables en marcha, muchos con un impacto transformador para las comunidades que dependerán de ellos. Entre ellos se incluyen ambiciosos proyectos hidráulicos en países en desarrollo, como el Delta Conveyance Project destinado a modernizar el sistema hídrico de California y la propuesta de ampliación del Canal de Panamá para expandirlo y reforzarlo frente a los efectos del cambio climático.
En el Reino Unido, las centrales de almacenamiento hidroeléctrico por bombeo generarán numerosos gigavatios de electricidad para cubrir la demanda en horas pico, mientras avanzan los planes para la instalación de grandes cables submarinos que conectarán distintas regiones del Reino Unido con países vecinos.
Los megaproyectos de transporte también avanzarán a gran velocidad el próximo año. Esté atento a los programas de trenes de alta velocidad, como la línea Bangkok–Nong Khai en Tailandia, el corredor Mumbai–Ahmedabad en India, el proyecto Jakarta–Bandung en Indonesia, el tren de alta velocidad de California, la línea Riad–Dammam en Arabia Saudita y el HS2 en el Reino Unido.
De cara al 2026 y más allá, los ingenieros civiles se enfrentan a un equilibrio cada vez más complicado: ganarse la confianza y controlar constantemente las nuevas tecnologías, trabajar para proporcionar infraestructuras cada vez más grandes y más rápidas, pero garantizando al mismo tiempo su seguridad e integridad para los millones de personas que dependerán de ellas.
Pat McLarin, Segment Director, Civil, en Seequent, comparte sus reflexiones sobre lo que podría deparar el 2026 para la infraestructura civil.
Fuente: Seequent
Referencias
1. Institution of Civil Engineers (ICE).
2. Infrastructure Policy Advancement.
3.HKA.